¡Me operaron el menisco interno de la pierna izquierda! ¡Sí! ¡Como a los futbolistas! ¡Felicidades Sol! ¡Tu primera operación!
Me durmieron. Cuando me desperté pensé que todavía no me habían hecho nada. Pero ya me estaban regresando a la habitación. No podía parar de reírme. ¿La anestesia es una droga? Porque es fantástica. "Ahora te voy a dar el opio" me decía el anestesista antes de la operación, que parecía un tenista degenerado, todo tostado, el pecho peludo y canoso, se le salía por afuera del uniforme médico, "¿cuantos novios tenés?", "eh... uno" le digo. Todo el equipo médico me felicitó ampliamente. "Pero che, 24 años nada más... es un placer operarte a vos, acabamos de operarle la rodilla a una mujer de 57 años que pesaba 170 kilos, y nos contó que ya había bajado 80... (...) ¿donde tenés las venas? voy a tener que ponerte una sonda para bebés"
Conversación post operatoria e mi casa. Situación, él me viene a visitar por la operación, jugamos al truco. Estoy perdiendo la mano ampliamente, él antes de tirar la última carta, canta:
P: Truco.
S: Quiero.
P: Pero no te conviene.
S: No me importa. Igual te quiero.
P: Lo que más me asombra de vos, es que aún sabiendo que vas a perder, me querés.
S: ¿Por qué? Por ahí arriesgo y gano.
No les voy a contar cómo terminó la mano. Quédense con las ganas. Aunque por ahora, creo que pasamos a las buenas... ¿no? ¿no?
...
Una experiencia: Se puede hacer el amor después de una operación de rodilla. No se puede: Hacer el perrito, flexionar mucho las rodillas, agacharse en general. Pero el resto, no hay problema. El traumatólogo me dijo que podía.
Por otro lado, estoy astiada. Salgo para lo mínimo indispensable. Éste tiempo enclaustrada por suerte me sirvió para algo: terminé mi pre proyecto de tesis. Felicítenme. Después, estoy leyendo a Kafka y a Wilcock, escuchando música, viendo televisión. Pajas, por ahora no me hice ninguna, pero quien sabe. Me quiero comprar esta novela de Pauls, El pasado. También quisiera leer mi libro de Pinter, que me compré antes del viaje a Córdoba, pero se lo presté a P. P tiene una cantidad de objetos míos, a saber: Un libro de Peter Brook, el de Pinter, uno de Quino, dos bombachas (una rallada -roja y blanca- y una blanca de encaje), un gel de Aloe Vera Ferrini (pero ahora se lo regalé), un CD umplagged de los Ratones Paranoicos -si, de adolescente yo era fanática de los Ratones, tenía una remera y todo- y muchas horquillas que voy perdiendo en su habitación -yo uso cantidad de horquillas.
Así que como ven, estoy leyendo mucho. De fiestas, ni hablar. Por suerte salí este fin de semana a tomar una cerveza con P, porque sino, ya de sólo despertarme y dejar que el tiempo pase, me deprimía. Hoy salí a la calle con muleta para ir a la kinesióloga y probé ir en colectivo. Perdón no, pero el taxi está carísimo, no voy a tomar taxi de ninguna manera. Definitivamente no voy a tomar taxi. Me subí al colectivo y me dejaron el asiento ¡tomaa... chiva, chiva, calenchu! qué placer... y es mejor que estar embarazada, porque la muleta se nota seguro. Creo que la voy a seguir usando un buen tiempo, aunque no la necesite.
¡Bueno, che, un beso grande para todos!

