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viernes, 5 de febrero de 2010

Frizz-lance.

Otra vez pasa el día y yo sin hacer nada. Hoy me levanté a las 12, y de pronto, son las seis de la tarde.
Estuve todo el día pensando en leer los formularios de Proteatro para pedir subsidio y no lo hago. Tengo que leer como 4 libros enormes para la EMAD para abril (mínimo) y no lo hago. Preparar un proyecto de investigación para marzo y no lo hago.
En marzo además, empiezo a laburar a la mañana, hasta las 6 de la tarde, así que ahí si que se me acaba la joda, por lo menos durante la semana.
Para colmo de males, estoy volviendo a fumar. 5 años sin fumar, y de pronto, uno prendido en mi mano. No fumo mucho, sólo si salgo (lo que pasa es que ahora estoy saliendo mucho) y nunca más de 4 o 5 por noche. Durante el día nunca fumo y puedo pasar varios días sin fumar. Pero es muy probable que si sigo así retome.
Estoy evidentemente en un período de derrapamiento. Mi energía se descomprime y se desgasta. Ojo, eh, por ahí es la tiroides. Fui a un tarotista y me dijo que me revise la tiroides. Si llego a tener algo, les paso el teléfono.
Y bueno, por lo menos mi derrapar es un derrapar leve, inocente. Digo, por ahí se me podría haber dado por la cocaína, pero no, mi derrapar es un derrapar fumador, cervecero y que no se acuesta taaan tarde.
Un derrapar almagrero, tango alegre. Un derrapar kiosco de panchos, en Corrientes y Ángel Gallardo.
Un derrapar uñas pintadas, películas livianas de amor yankee.
Un suave derrapar de una noche de verano.
Un derrape cerebral.
Derrape de todas las copas de vino del lugar.
Un derrape de la costa atlántica, del Río de la Plata.
Estoy derrapada de adentro hacia afuera.

Mi corazón es un agua viva. Eso es lo que pasa.

Estoy hipersensibilizada y alegre. Siento todo como si me hubiera comido yo sola una torta entera de marihuana. Todo me parece super
Super menta
Super viento
super vivo / super vivencia
Soy una pantalla mágica,
una super-ficie violenta
una guillotina fluorescente
todo se me sale a flote cuando amanece.

Me duermo, y es como si no hubiera pasado nada.

Lo importante se me vuelve pequeño y triste, se me desconfigura.

Como una memoria RAM depredadora e insensible

ya no guardo nada.


Espero que esto no me pase para siempre. Ayer hablábamos con un amigo de los amores "pasajeros" y los amores "permanentes". Y el me dijo "Permanente, como el pelo."

Lo que pasa es que yo no se si quiero un amor frizz-lance o un lacio perfecto.

Amor derrape por ahora no. El rapado no es lo mío.
Amor rebajado, así nomás. Estilo "cashual". Nada de andar peinándome para salir.

Si quieren leer a mi amigo, visiten su blog. Y si él avisa que lee algún poema en alguna parte, no dejen de ir a verlo, porque es de una genialidad arrasadora.

Sol

domingo, 13 de julio de 2008

La primavera rebelde.

En este invierno templado por el que estamos atravesando, me viene más a menudo el recuerdo de la primavera. Siempre me llamó la atención la primavera, con sus alergias y su luz solar, que comienza a hacerse más y más fuerte. La luz se inyecta sobre la cara luego de un largo período de lánguida palidez, por eso me resulta tan interesante. Porque no es que te pasaste todo el verano en el borde de la pileta o revolcándote por la arena de los balnearios, y entonces salís a la calle y te da el sol, como siempre, como todos los días, y vos estás bronceado y saludable. Lo que me atrae es eso de andar de campera en campera, abotonándote, tratando que nada traspase tu campo de fuerza de lanas y algodones, y de pronto salís de tu casa y hay sol. Y te sentís muy raro por haberte abrigado, desnaturalizado. Te hacés preguntas que por lo general no te harías. ¿Por qué me abrigué tanto? ¿Qué me hizo pensar que este día iba a ser como los anteriores? ¿En que momento de mi vida empecé a abrigarme tanto sin darme cuenta? Y estás ahí, en Loyola y J. Alvarez, como siempre, y te da el sol. Pero es un sol diferente, un sol rebelde, que te sella la cara y uno está más débil que nunca, engripado, lleno de granos y blanco, blanquísimo, sin nada que perder, y la luz te da el primer pantallazo de un futuro subtropical. Una premonición, una corazonada de luz.
Me gusta la primavera porque es un colapso. Es algo que aparece de un día para otro y te das cuenta. Lo digo porque hoy salí a la calle en remerita y pude sentir la diferencia. Una clara diferencia. Como si se hubieran destapado las fosas nasales de toda la tierra.
Una rebelión, la primavera. Un amotinamiento de rayos ultravioletas. Una contracción meteorológica. Un pronóstico deliberado, la primavera, que siempre está yéndose y viniendo, como una golondrina demente que ha entrado en un mecanismo y ya no puede parar.
Fatalidad de la primavera.


viernes, 20 de junio de 2008

Camino a Villa Crespo.

Ahora que vivo más lejos de los teatros de almagro, me siento mejor que antes, me parece. Porque a veces soy movilizada por las obras que veo, y cuando algo me mueve necesito caminar y caminar. Cuando vivía cerca, en Bulnes y Corrientes, sólo tenía tres o cuatro cuadras para descargarme, y no veinte, como ahora.
Hoy me volví caminando, de Mario Bravo y Córdoba, hasta La estación Ángel Gallardo, bajo la lluvia (bajo mi paraguas transparente), por Corrientes. Y pasé por la esquina de mi casa, por los negocios de ropa y los bancos, por la estación Medrano, por la calle Lambaré (en donde estrenaré mi primera obra en dos días) y me sentí menos extraña caminando hacia Villa Crespo. Al ritmo de la caminata Almagro devenía en Villa Crespo y yo pensaba: "Por fin mi casa es mi casa".
La casa, se casifica.
Se naturaliza, se desingulariza.
Las cosas comienzan a volver a su tamaño normal.
Y poco a poco, dejo de recordar el olor de la casa cuya puerta de entrada da a la calle Bulnes. Se me polariza la imagen como el negativo de una foto sacada con niebla.
Y entro a mi casa con las piernas empapadas y sudada con mi sudor de chica de Villa Crespo.


Hoy fui a ver Manifiesto vs manifiesto, de Susana Torres Molina.
Muy buena.
Hace tiempo que no me pasaba de ver una obra y que me gustase tanto los textos, las actuaciones, la forma en que me cuentan las historias.
La obra me hizo acordar mucho a ese libro tan bueno, "Las Partículas elementales", de Michel Houllebecq.

jueves, 22 de mayo de 2008

Catalina.

Hoy, 22 de mayo, mi abuela Catalina Murrone cumpliría 81 años. En cambio, se murió a los 74 en el año 2002. El 17 de septiembre de este año se cumplirán 6 año de su muerte. Un fallecimiento pre-primaveral. Era un martes.
En el velorio comimos un montón. La pasé muy bien con mi tío y con una prima, Karina, charlando a la noche y fumando como loca (porque en ese momento yo fumaba). Cuando mi abuela estaba viva, solíamos tomar Bailey's a la noche ella, mi tío y yo, charloteando. De mis dos abuelas, yo la quería más a ella. Tenía sus cositas, pero la otra (que aún vive) era peor. En efecto, la mamá de mi mamá, María Malinowska, está del tomate, siempre lo estuvo y lo estará. Cuando los del geriátrico diagnostican "demencia senil" mi mamá suele decir "siempre fue demente, lo que pasa es que ahora está vieja". Malinowska tiene, a la fecha, 94 años, y va por más, con su andador y su cuerpo de rusa fuerte. Se cae siempre y nunca, nunca se hace nada.
Murrone, la mamá de mi papá, en cambio, murió en la plenitud de su tercera edad. De un paro cardíaco. Seco. Instantáneo. En una ambulancia.
Tenía la cara helada, empedrecida. Tocarla era como tocar algo imposible. Un pedazo de naturaleza muerta.
El día de su velorio y cremación, me senté a escribir en el jardincito del cementerio privado (a mi papá le gusta así, al estilo bon vivant) un texto que aún me gusta releer de vez en cuando. Lo transcribo aquí tal cual lo escribí allí sentada, a pesar de que yo ahora modificaría algunas cosas, prefiero dejarlo así, impoluto. Mi escritura a los 18 años.

Ya nadie podrá hablar con Catalina. Me la imagino en plena muerte, viéndose a sí misma desde arriba, diciendo “Pucha, me muero” y luego acompañándose de un lado al otro, hasta el crematorio.
Se debe haber puesto nerviosa, supongo. ¿Cómo habrá hecho la muerte para poder llevársela? Daría la impresión de que no falleció, sino que la vida la asesinó, la tironeó hasta vencerla, porque no la veía con ganas de morirse. Lo bueno es que ella fue igual de principio a fin, ninguna enfermedad la consumió, tomó la decisión en un instante tal vez, hay quienes lo meditan mucho, pero ella dijo simplemente “Me voy” Aprovechó que estaba el tío en Buenos Aires, y el asado familiar del domingo para despedirse.
Ya no cumplirá más años. Su edad se detuvo a los setenta y pico. Ya no podrá ver la primavera que se viene, una lástima. Y ya no podré comer su arroz con manteca, ni sus papas fritas, ni la pizza cocinada en el horno del fondo. Ya nadie baldeará el patio, ni me hará ese mate en vasito de vidrio, ni me curará el mal de ojo, ya nadie irá a misa, ni me llevará a ver qué es ir a la iglesia un domingo. Para mí, el padre nuestro murió con ella, y eso que ni lo sé bien todavía (en realidad nunca me interesó aprenderlo)
Ya no habrá a quien visitar en Avellaneda, nadie cerrará las ventanas que dan al porche.
Lo que me duele es que ya no puedo hablar con ella, ella hablaba tanto... y sonreía, y se agachaba, y limpiaba e iba de un lugar a otro... no como en el cajón. Le sellaron los labios, le pintaron los ojos, la vistieron de blanco. Le hubieran quedado mejor unos pantalones. Esa no era mi abuela, era un símbolo de ella, algo demasiado lineal. Se le fueron los matices, se perdió el claroscuro. En su cara no había nada de ella ¿Por qué la vistieron hasta el cuello? Pareciera que quieren ahogarla, frenarla, reprimirla. Por suerte, pensé, ya no estaba allí toda cubierta de tela. Es increíble, visten a los muertos como recién nacidos. Murió en movimiento, en la ambulancia.
Mi abuela es del aire, es del vapor de la olla que hierve. Le hubiera quedado mejor un delantal de cocina, y una bombacha con trapito para, según ella, mantener mejor la higiene.
Mi abuela guardaba todo. Todo era nuevo para ella mientras no se use, aunque pasasen cincuenta años. Tiene botellas de perfume en el baño nunca abiertas y ya rancias, nuevas eran cuando se había casado. Y pasó toda la vida en esa casa, sacándole pasto al fondo. Desde los veintitrés o veinticuatro años hasta los setenta y cinco. Y esas botellas de perfume ya cumplieron su medio siglo.
Mi abuela se fue de repente, sin ninguna enfermedad, sin colesterol ni problemas de presión, sin llagas en el corazón. Un día (ayer) se paró, y de a poco su energía se disolvió. Al morirse debe haber abierto la boca, para hablar.
Dormíamos juntas, hace unos años, cuando me venía a cuidar. Y charlábamos mucho, hasta la madrugada, en el piso dieciocho. De joven, me contaba, cantaba tangos mientras limpiaba la cocina, mientras hacía las camas. Creo que en algún lugar la tengo grabada. De más grande, cuando yo rondaba los dieciséis o diecisiete años, me confesó que nunca tuvo un orgasmo. Me pregunto si lo habrá conseguido en este último tiempo.
No tomaba mucho agua, tomaba mate, decía.
Me la imaginé parada al lado del cajón, entre las flores de la funeraria, mirándonos y riéndose suavemente como solía hacerlo. Y en el medio del ritual, mientras le susurraba unos tangos, me reí con ella, no lo pude evitar, sentí su paz en el aire y me alegré de que no la hayan atado a seguir viviendo, los que quisieron retenerla, no pudieron, ella siempre fue una mujer veloz. Entonces aflojé mi pecho, y la dejé ir.
Ya nadie podrá hablar con Catalina, era la época de los alcauciles y ella se entregó.

martes, 29 de enero de 2008

Viaje a Córdoba Capital.

Volví de vacaciones. Aloha.

En todo este tiempo pasó que:
-Estuve aprendiendo a hablar en cordobés.
-Es increíble, pero en cada colectivo larga distancia que me tomo, hay una persona con un nene insoportable que llora y se caga. ¿Por qué a mí?
-A partir de la convivencia durante 18 días con dos sujetos de sexo masculino (P y el amigo de P, el Tete, en cuya casa parábamos los dos) descubrí que uso muchísimo papel higiénico, en comparación con la cantidad utilizada por ellos. En una semana, ellos usaron un rollo, y luego, al llegar yo, compramos tres paquetes de seis rollos cada uno, y al irme yo sobraron cuatro, lo que quiere decir que yo, en 18 días, utilicé aproximadamente 12 rollos de papel higiénico.
-Debo hacerme la costumbre de cerrar la canilla del lavatorio al lavarme los dientes. Parece que en 20 años nos quedamos sin agua. P y el Tete me hablaron horas de ello. Horas. Horas.
-El agua corriente de Córdoba capital me estriñe y/o descompone.
-Me gusta meterme en el agua. Mucho. Mucho.
-El helado cordobés es mucho más barato que el porteño. Un cucuruchón de una buena heladería te sale $3 (dos bochas grandes), y acá estará a $7, o más.
-Me piropearon muchísimo. El hombre medio cordobés es más mirón y baboso que el porteño. Excelente.
-P resultó ser celoso. Pero juro que yo no doy pie a nada. Él hace repiquetear a mi corazoncito.
-Me descompuse de la panza y el hígado a la vez y extrañé mucho a mi mamá. Estando tirada en la cama sin poder moverme la llamé y no la encontré y me puse a llorar (¡qué maricona!).
-Es increíble cómo suda P. Es un tipo que parece querer salirse todo para afuera. Transpira agua al punto de gotear sobre mí y dejarme el pelo tan empapado que se puede escurrir, los granos le salen y se le revientan con una facilidad increíble, larga pelo, baba, semen, come montones, al bañarse usa medio jabón por la cantidad de pelo que tiene, es impresionante. Decididamente el mantenimiento de su cuerpo es muchísimo más alto que el mío. Me encanta. Me encanta ese metro ochenta y seis lleno de emociones e intensidades, esa masa de carne erótica, salada, aceitada, que se ablanda cerca mío y se me deshace entre las manos.
-Me gusta el arroz con manteca y me había olvidado.
-Ya no tomo café y no se por qué.
-No tengo una cerveza preferida. Me gustan las negras artesanales, pero nunca consigo, y depende la marca.
-ya no me estoy meando la pierna cuando pillo de parada en baños públicos. Bien.
Bien amigos, perdonen por el impasse que me tomé. He aquí la actualización.
Besos de Gaviota y un picotazo para mi mamá, para Pololo (P) y para todos los que me conocen.




jueves, 27 de diciembre de 2007

Pequeño cuento por la navidad.

"La película trata de un hombre que, sentado entre palmeras, piensa en Dios.
Al final, llega una revelación:
Dios no existe.

Lo que más impresiona de la película es el plano único, y la increíble lentitud con la que avanza el relato. La actuación unipersonal del actor se enfatiza en la inmovilidad casi perfecta de éste, cuyo gesto aparece inmutable hasta los últimos instantes del filme, en el que, con una mano, simplemente se tapa el rostro en señal de desesperación. Un clásico del cine universal."

Este es un relato que inventamos mis amigos y yo en navidad.

Pasé la navidad con mi mamá y unos amigos, en el campo de Colloca (la pelirroja de rulos de mi cumple). Nos la pasamos tomando sol y cerveza en el borde de la pileta. En el medio del escabio, surgió el cuento (mirando a Diego sentado entre palmeras, por supuesto).

Al fin gente, gané un premio de dramaturgia. Ya era hora. Parece que me dan plata. Es el de "Primera obra" de Argentores y el INT, para autores nóveles que no hayan sido estrenados. En la página de Argentores aparece publicado.

Bueno, he aquí una foto de mi mamá y yo, en navidad.

Nos parecemos bastante. Lo que pasa es que ahora ella está tostada y además, es rubia. ¿uds qué opinan?

Paul está en Córdoba. Ahora me estoy ejercitando en esto de las cartas de amor. Igual voy a ir en enero a visitarlo. Quisiera no extrañarlo tanto, pero pasaba demasiado tiempo con él.

La próxima vez que escriba será año nuevo. El blog cumple un año el 30 de diciembre. Este año, el año del chancho, fue bueno. Me enamoré por primera vez. Es decir, conquisté y fui conquistada. Gané un premio, cosa que andaba buscando hace mucho. Reflexioné montones acerca de mi profesión y mi lugar en el mundo. Esto es lo que coseché. El resto, es siembra, y vendrá próximamente.

Feliz año nuevo.

martes, 11 de diciembre de 2007

Peste.

El hecho es que tengo piojos. Del posible individuo portador ni rastros. Un verdadero misterio.
La cosa es que me pican en la nuca también. Son enormes. Están bien alimentados. Copulan rozagantes en mi corteza capilar, se reproducen, germinan como pequeñas avecillas color castaño o beige haciendo de la vida en la cabeza un verdadero banquete. Una pediculosis galopante.
Se agolpan detrás de mi oreja. Esperan. Laten atroces los huevecillos de bestias esperando nacer para devorarme. Tengo piojos.
De algo estoy completamente segura: No voy a usar nunca, bajo ninguna circunstancia, Nopucid. Nada de químicos. Los voy a vencer con honor, en un combate mano a mano. Voy a usar un peine fino.
Me siento con el peine y una hoja de papel, para que éstos caigan perdidos, deshidratados por las agujas de metal. Son los capitanes de los equipos, son las cabezas de las más distinguidas familias de esta piojera que tengo aquí sobre mi joven cocote lleno de liendres. Una verdadera matanza.
Los piojos se deshacen con un leve crack bajo mi uña. La sangre humana, mi sangre, se impregna en el papel como un sello inconfundible. La prueba del delito, mi néctar, el extracto de mi vitalidad encapsulado en sus barriguillas invertebradas brota cándido sobre la hoja y se expande. Luego de un rato, se seca.
Y así caen. El vinagre, las costras, la caspa, los pelos que han sido arrancados, todo se acumula bajo mi vista de implicada. Todo se desarrolla con una naturalidad ingrávida y silenciosa. He sido invadida.
La guerra ha empezado. Tengo en una mano un peine fino de metal y en la otra un preparado de vinagre y agua tibia en una relación 1/10 que voy a derramar sobre mi frente, echando la cabeza hacia atrás. Y además, tengo la fuerza de voluntad necesaria para vencerlos. Voy a hacerlos pedazos.
Van a desear nunca haber pasado de aquella cabeza superpoblada a mi territorio capital. Van a gritar "mamá" y van a desear volver a ese mullido cascarón de liendre en estado de latencia vital. Gérmenes, miserables pedacitos de caca. Nulidades. Cascaritas seminales de bicho sin futuro. Nómades insignificantes de medio milímetro de espesor. Mierda los voy a hacer, mierda, putos. Putos.

martes, 4 de diciembre de 2007

Sinopsis.

El sexto festival de teatro de Buenos Aires. El árbol de la Recoleta. La bombacha culotte. La hebilla, los pantalones. La costra. La mano. La humedad. Los ultrafinos. Figueroa Alcorta y Pueyrredón. Las canciones, el calor, la primavera. Los mimos. Las orquillas en el bolsillo de la camisa. Los pelos de tu torso. El colchón, la sangre, los preservativos del gobierno de la ciudad. El desayuno completo. La ventana. La calle San Isidro. El sol en la puerta del video club. El beso. Las palabras. Los raspones. La barba. El dolor. Las hinchazones. El día miércoles. Las frutillas. Las sábanas mugrientas. Los baños. Los pececitos blancos. La prestobarba. La grasa. La primera cita. El desmayo. Los celos. Los rusos. Tu novia. El llanto. El 71. Las fotos de mi infancia. Mi abuelo. El Club Atlético Independiente. Los Colombianos. El dominó. Las nauseas. La cerveza negra. La ciudad de Córdoba. El viaje. La espera. Las elecciones presidenciales. La ansiedad. Los enojos. La parada de colectivo. Las llamadas. Las llegadas tarde. La boca abierta. El fernet. La familia. La profundidad. Las intensidades. El vinito. Los amigos. El escabio. Los cigarrillos armados. Las crema de vainilla. La suciedad. El olor a sexo y a luz solar en tu habitación con la puerta cerrada que da a la escalera de la casa de la calle Bustamante.





domingo, 4 de noviembre de 2007

"Tu novia" serie poética.

Mi inestabilidad en el orden de las relaciones amorosas me ha posibilitado un considerable desarrollo en lo que a producción poético-literaria se refiere. La tácita presencia de la novia de mi muchacho cordobés en mi vida se ha convertido en el principal disparador de una posible primera novela mía, que se titularía "Tu novia". Nunca se me ocurrió que yo podría llegar a escribir una novela, pero la cantidad de imágenes e impulsos que esta chica (que parece que es corpulenta) me genera son tantos y tales que se me ocurre que en esto que me pasa tengo material más que suficiente para, por lo menos, arrancar con los primeros textos.
No voy a escribir aquí lo que hasta ahora vengo escribiendo, porque sería quemarlo y considero que los textos necesitan trabajo, y no son tan hijos de la espontaneidad que suele imperar en el blog-mundo.
De todos modos, publico aquí algunos poemas (aunque no se si son poemas, es lo que me sale) que quisiera compartir con uds. Si no es una novela, por lo menos será una serie de poemas malos, que en todo caso cobran espesor al leerse juntos.


***

Voy a recostarme a morir en el hemisferio sur de tu cama
Mientras tu novia marca 001
Ella y yo tenemos muchas cosas en común
Sobre todo esa extraña presencia de ring tone

***

No se si estoy preparada
Para este destino Córdoba-Capital
Que nos acecha
A mí
A vos
Y a tu novia

***

Te dediqué los mejores años de mi vida te dije hoy.
Era una broma.

***

Hoy Francisco y Marcela se enteraron de “lo nuestro”
Se enteraron porque yo le había dicho a Zeta
Pero no fue premeditado. Fue sin querer.
Igual
En el fondo
yo quería que se enteraran.

***

El colchón

Transpira.

***

Las buenas camas duran poco dijiste
Y yo ya me desmaquillé para dormir.

Vamos a ver que pasa con el minutero.

***

Estos por ahora. Tengo más, pero los iré publicando con el tiempo.
Muchas gracias.

domingo, 28 de octubre de 2007

Ley empírica Nº8

"A veces pienso que en este mundo de a dos, yo soy la número tres"
***
Esto le dije a mi cordobés hoy a la tarde en una vereda, respecto de él, y su novia cordobesa.
¿Cómo pude engancharme tanto en un mes?
Él dice que la buena cama dura poco.
Yo le digo "¿Creés que a nosotros nos va a pasar eso?" Él me dice que no sabe lo que va a pasar. (Menos mal). Me dice que le parece que yo confundo el afecto con el amor físico, pero que no sabe muy bien, sólo que le parece eso. Yo lo pienso un buen rato y le digo que no.
Le digo que tengo la certeza de que él me gusta. Así como supe que quería ser actriz, y aún lo sigo sosteniendo, las grandes pasiones, ya sean para con los hombres o el teatro, se me presentan con una claridad insólita. La certeza es corporal. Es intestinal, se sostiene directo de mi abdomen al centro de la tierra.
Le digo que me gusta él. Que no es solo sexual. Que me gusta porque es atrevido y tiene una actitud de desenfado para con todas las cosas que me encandila, un poco. Él sonríe.
Lo que también me gusta muchísimo de él, es que le puedo decir todas estas cosas y él se la re-banca.
También esto se lo digo así, tal cual. Que no escapa, que pone huevo (así le dije), que poca gente es así. Él sonríe y me agarra de la mano.
Estamos tomando un café en sarmiento y bulnes.
Ganas.
Ganas de ir a verlo al teatro, o de ir al teatro con él, y que me bese delante de todos.
Ser su chica. Ser su novia.
Ser un número par.

jueves, 18 de octubre de 2007

Respecto al mar y su temperamento.

Estuve pensando en este asunto del mar. No cualquiera simpatiza con el mar. Al mar hay que tenerle respeto. Es definitivamente más poderoso que uno, y mata. Eso me gusta del mar, que mata. Cuando me voy de vacaciones meto los pies en el agua y le hablo en vos baja, o con la mente. No digo nada importante, sólo cosas del estilo: "Hola mar, como verás, he vuelto, tal cual lo prometí el año pasado. Habrás visto que cumplo mis promesas" o "Así es, mar, aquí estamos, tú y yo, solos otra vez, frente a frente", Entonces, el mar se convierte para mí en una suerte de capo di mafia al que pretendo mantener de mi lado, o a una especie de chamán legendario treinta mil veces más sabio que yo al que debo tratar con el respeto que tienen los orientales por las cosas orientales (que por supuesto es mucho más respetuoso que el respeto occidental por las cosas occidentales, estamos todos de acuerdo). Quiero decir, debo profesar un respeto oriental hacia el mar.
El mar todo lo puede. Va y viene. Cuando vos vas, el ya fue y vino y pegó la vuelta. El mar puede sentir tu miedo irreverente. El mar no perdona. Es amplio y unilateral. Tiene una sola orilla interminable. Es de una determinación inquebrantable. Una pregnancia atemporal-animal-mineral que lo sostiene y sabe que te puede llenar de piedras la jeta en cualquier instante. Es atrevido y arbitrario como una catástrofe natural, un atentado o un derrumbe.
El mar no soporta la cobardía. Sólo sabe tratar con espíritus guerreros que saben correr con furia y desenfreno hacia la ola. Sólo deja pasar a los que van de frente y se arrojan como animales encarnizados hacia sus aguas, con miedo pero con honor y valentía. Al cobarde que huye ante la ola, lo voltea, lo fricciona violentamente contra la arena, y si el destino quiso que ese día fuese de tormenta y viento, lo mata. El mar no perdona a los cobardes, sólo dialoga con los que tienen la suficiente fuerza interior para pelear con él, con los que temen a la muerte pero que saben afrontarla.
Me gusta el mar. Me hace acordar a los antiguos imperios, no se, a la muralla china, a los puentes de Babilonia, a Egipto. El mar es antiguo. Es un templo. No se puede tocar. Es imposible llegar a él. Jamás se mezcla con vos, es eléctrico. El mar rechaza, separa, se diferencia de vos. Quiere que te vayas, que lo dejes en paz, que te mantengas en el borde. Es un ermitaño.
Me gusta tanto el mar, es indudable, como estar enamorado.
Es un seductor empedernido, el mar. Mata.

domingo, 26 de agosto de 2007

Lifschitz

Diciembre de 1997. 13-14 años.
Furor hormonal, la sexualidad como una metralleta. Las chicas de primer año del Colegio Nacional de Buenos Aires persiguen con cámaras de fotos a los muchachos de quinto año turno mañana, tarde y noche, que tratan de escaparse hasta que finalmente posan, resignados y exitados a la vez, por las femeninas juventudes que en manada les bloquean el paso por el claustro central. Las colegialas recién ingresadas a la institución, sacan fotos a los muchachos egresantes, que para ellas tienen un claro status de viriles griegos Dioses, inalcanzables y llenos de pelos en la cara, en el pecho y en las piernas. Vueltas olímpicas, marchas, escraches, las colegialas cargan las banderas del centro de estudiantes, y se desviven por su presidente, el guacho-pija del momento, también egresante de quinto año '97, de nombre Alejandro L***. Alejandro L*** se sienta en el escritorio de los docentes y habla de política sin parar. Pasa por las divisiones de los tres turnos para convocarnos, agitarnos y recordarnos que él es el más sexy-supercomprometido-macho-hippie-chick del momento (eran tiempos en donde el colegio era hippie a full, si no eras hippie no existías) y que su agrupación es la más progre-rebelde-político-marxista-supercomprometida-hippie-socialista-de vanguardia del momento. Alejandro L*** se balancea sobre el escritorio. Hace equilibrio en el mini estrado. Tiene el pelo rubio y largo. El jean roto, la musculosa roja de ricotero. Alejandro L*** apoya sus topper rotas sobre los primeros bancos. Nos habla. Nosotras, las estudiantes de primer año turno noche, lo miramos con los fauces abiertas, borboteantes, revolucionarias. La vista clavada en las nalgas del hippie parlante. Alejandro L***, presidente del centro estudiantes, egresaba ese año del colegio, y el tiempo se volvía una cuestión de vida o muerte. Dábamos la vida por que no egrese. Cualquier cosa, pero por favor que no egrese.

Agosto 2007. 23 años.
Ella disfruta su cerveza del sábado a la noche, con una amiga, en una especie de bar-tugurio-tanguería en Perón y Bulnes. No espera nada de ese sábado a la noche. Ella y la amiga hablan con un grupo de tres pibes. A ella le gusta uno de los tres, que parece que es actor.
-Pará que te doy una tarjeta de la obra que estoy haciendo .
Ella lee la tarjeta que le da el chabón.
-Este soy yo.
Él señala su nombre en la tarjeta. Alejandro L***.
-Pará, eh, por ahí te tiro cualquiera, ¿vos... vos eras presidente del centro de estudiantes en el secundario?
Sí, era él.
-Jajaja, ¿así que sos actor? Vos eras presidente del centro de estudiantes cuando yo estaba en primer año.
Ella no lo había reconocido, se había cortado el pelo (y además habían pasado diez años).
Mas tarde uno de los amigos del gran Alejandro L*** le pide un beso, pero ella se evade con eufemismos. Quiere al presidente, quiere al presidente.
El grupo de los tres muchachos y las dos chicas deciden ir a desayunar a la casa de Alejandro. Corren bajo la lluvia. Toman mate. Son jóvenes (todavía). Uno de los amigos se va. Siguen tomando mate. Alejandro le toca una pierna.
-¿Tenés medias?
-Sí.
Él desliza sus dedos por la rodilla. Siguen tomando mate. Se hace de día.
-Les pido un radio-taxi.
El amigo que queda, su amiga y ella esperan el taxi. Tocan el timbre. Ella y Alejandro caminan adelante por el pasillo. Los otros dos se quedan atrás. Él la agarra de la mano. Cuando llegan a la puerta se besan.
-Te mando un mail y así me pasas a visitar algún día.
Se suben al taxi. De pronto es domingo a la mañana.

Ella chequea su casilla de mails incesantemente. Ahora la vida es una gran sala de espera.

jueves, 14 de junio de 2007

Abro la boca para no decir nada.

La palabra casi
no dice nada.

Lo que digo no
es lo que me pasa.

No llega nunca a hablar de mi,
la palabra.

Resonancia.

Alusión.

Nota al pie de mi país.

Rumor.

Telegrama.





Decía, entonces:

“Voy a recostarme un poco a morir un rato.”





PD1 (Sí si, pasé ayer una escena en el Sportivo y Bartolo me destrozó, un poco. Así son las devoluciones. No existen palabras para describirlas. Hoy estoy más tácita que nunca en este mundo.)

PD2 (Que feo es pasar a la cancha y saberse una mala jugadora.)

PD3 (Ayer me dormí como si me hubieran molido a puñetazos.)











domingo, 10 de junio de 2007

Temperamento brutal

Tu lenguaje mutante

Tu discurso terrible

Lee la borra

De mi corteza cerebral



Tu eléctrica mente

Me habla

violenta

Pronosticándome.



Tu naturaleza feroz que tiende

a descomponerme

Como si yo fuera sólo

Una ecuación

Una tendencia

Un múltiplo de equis



Tu naturaleza brutal que tiende

A la inescrupulosa traducción

Al riguroso registro del tiempo

A la disección del cuerpo

A la deliberada autopsia

como un acto poético.


Sugestivo

Irresistible

Atrevimiento.

Dedicado a un hombre extremo de inagotable capacidad, a un maestro que me tiene aterrorizada con su brutal y enérgico discurso y su irradiante y resplandeciente y político cuerpo.

jueves, 24 de mayo de 2007

Cuerpos inflamables.

La gente que ha dejado la impresión más profunda en mi vida, han sido los que no se han quedado con las ganas de nada. Gente que te mira a los ojos con una pureza incandescente. Gente extrema. Toreros, aviadores, paracaidistas (es un ejemplo).

Si me enamorara de alguien, éste debería ser extremo, como un creativo publicitario feroz. O un conductor de autopistas. Alguien que cuando vea una valla o un abismo, salte.
Alguien que busque todo el tiempo. Un adicto de lo bello. Un hambriento del sonido y de la imagen. Un caníbal.
Si me enamorara de alguien éste debería ser encantador. Ruso o esloveno o croata.
Que sepa tocar un instrumento, que se deje atravesar por el paso del tiempo, como un animal mitológico.
Si me enamorara de alguien, éste tendría que tener aptitudes para mirar de lejos. Un observador.
Si me enamorara de alguien, sería un devoto de la metamorfosis. Vocación de mariposa, o serpiente.

Si me enamorara de alguien, sería un poeta.

Alguien de ideas rítmicas, un músico, o un escalador.

Un rapsoda.

sábado, 12 de mayo de 2007

Sueño con la muerte

Voy a desplegar mi cuerpo sobre un tablero de ajedrez,
para perder,
voy a perderme desértica como un pedazo de Patagonia,
voy a hacer de mi piel una superficie cóncava.

Voy a lavarme los pies en el hemisferio sur de mi cerebro,
voy a atravesar el año,
voy a dejarme atravesar por el invierno,
desplegada,
recortada por el borde por la línea de puntos de toda la tierra.

Voy a partirme ante el público salvaje,
perdida,
sobre el borde de un escenario incandescente,
voy a reventar de la alegría sobre la cara de la gente,
voy a morirme estallada como una burbuja de ibuprofeno.

Me voy a deformar la cara con los dedos,
poética,
como si fuera una porcelana fría blanda y triste,
y llena de pliegues y nudos y fruta abrillantada de invernadero.

Y luego
me voy a otro lado
me deshago
simplemente
me deshago en una madeja de hilos y de baba.

Soy sólo una forma de decir.

No existo.

Soy una película sin imagen ni sonido.

jueves, 3 de mayo de 2007

Hoy fui a trotar por la feria del libro.

Quería comprarme un libro de Auster. En la entrada había una máquina de latas de Coca Cola de las de antes y me dio nostalgia. Me compré un libro de Kandinski “Punto y línea sobre el plano”. Qué bárbaro, esas máquinas de Coca. Para ver temas del espacio escénico que K. plantea y que me interesan. Hace cuanto que no tomo una lata de Coca. Y otro de dramaturgia contemporánea para estar al día. En un momento no se fabricaron más las latas esas de Coca que tanto me gustaban de chica. Pensé en comprarme ese libro de Link, “Como se lee” o algo así. Ahora vuelvo y saco una lata de la máquina de Coca que vi en la entrada. Pasé por el stand de Editorial Planeta y me babeé sobre unos libros de Rivera. Coca, coquita, coca ¡Coca! Me sentí realmente mal porque estaban muy caros y no podía comprarlos. Ahí está, la maquina, Coca ¡Coca! ¡COCA!. También me hubiera gustado comprarme uno de Aira, pero no. No funciona está apagada Coca ¡No funciona! Coca ¡Coca! ¡No funciona! Está apagada.
Fue una verdadera pena.

miércoles, 25 de abril de 2007

Ley empírica Nº3


Le gusto a los hombres grandes. Será mi corporalidad marilyneana estilo años '50. Ejemplo: nadando con fogwill en la pileta. Hoy Fogwill me llevó un libro a la pileta. Fogwill me mira mucho en la pileta y me da miedo. Tiene como 60 años y la cara deformada por la cocaína. Siendo un gran escritor, no me animo a decirle que no acepto sus libros. Además, me encanta lo que escribe, y me encanta que me regalen libros.
Creo que me estoy prostituyendo poco a poco por los libros. Pronto mi deuda será grande, me los va trayendo de a uno.
Arlt robaba los libros, yo me prostituyo por ellos... qué país.
Les mando unas fotos de estas piernas que Dios me dio, ya que me ando prostituyendo. Después de todo esto es un blog... es literatura. Literatura prostituta.
En realidad no me las dio Dios, me las dio mi abuelo. Son igualitas a las de mi abuelo. Piernas made in Seoane family.

viernes, 20 de abril de 2007

Para Luciérnagaa

Nos os pongais así de celosa, doncella
que aquí en este mundo de tiempo ritmo
somois todas misteriosas
púrpuras damas
unas áureas bellezas

estamois aquí encerradas
en nuestro modo de narrar las cosas
enumerando las rutas y los accidentes
de nuestro cuerpo cólquide

estamois aquí, doncella
tratando de no morir
estrelladas
contra todas las murallas legendarias
del calcáreo presente

estamois aquí, doncella
recibiendo imaginarias flores
en nuestras cóncavas mentes

tenemois en el pecho un trasatlántico
y en la boca
un centellante y furioso
lenguaje
de carcomido ensueño
atestado de impresiones y expresiones
que vociferamos con voz florida y aberrante
con nuestra blanca
y pura
y torva
y pordiosera faz
de doncella demente


PD (No te pongás celosa, titilante luciérnaga, que acá cada una se construye como quiere.)

domingo, 15 de abril de 2007

Otra vez

Otra vez me quería ir con uno y me fui con otro.
Otra vez.
Mis fines de semana son una sucesión de cuerpos de diferentes tamaños, formas y costumbres que luego no vuelvo a ver nunca, ni quiero volver a ver, salvo contadas ocasiones.
Yo miraba a este chico alto apoyado en un espejo y pensaba: Ojalá no tuviese tantas ganas. Ojalá pudiese esperar, aunque sea una semana.
Pero no. Salgo del lugar imantada de la mano del chico alto.
Pienso que es rubio. Pienso que es sólido. Pienso que va a llenarme de lenguas la mañana.
Despego de su casa sin dejarle mi teléfono.
Adiós, adiós para siempre, niño mitad. Mitad ruso, mitad turco.
Me dice "nena" me dice "mi amor" me dice "casi muero de cólera en Brasil cuando era chico". Yo pienso que cada persona es un mundo.
Un mundo de pelos y poros y lengua-jes.
Camino por Santa Fe a las nueve de la mañana. Pienso en otro que no es tan alto aunque sí rubio, con el que fui lo más encantadora posible. Inicié conversación y le dejé un lugar al lado mío (ya nos conocíamos desde antes), busqué temas de conversación que le interesaran. Le pregunte sobre sus asuntos. Le hablé de él mismo. Hice un esfuerzo terrible, en suma. Me dijo voy al baño, y a los diez minutos lo veo salir por la puerta con su bolso. Se fue. Sigo sentada en mi cubo, un poco descorazonada pero acostumbrada a los residuos que deja hacer un esfuerzo en vano. Viene el turco-ruso-chico alto-rubio se me sienta al lado. El anterior que se fue también era medio ruso. En general, me gusta todo lo ruso. Todo lo ruso es bastante deseable. El ruso-turco-chico alto-rubio es contundente. Se muestra definitivamente interesado. Y allí voy yo de su mano. Otra vez.
Otra vez pensando en otro en la puerta de la casa de alguien.

Soy medio prostituta a veces. Pero eso no es lo que me preocupa. Me preocupa que a pesar de todo lo que es salpicado en la pregnancia del puro cuerpo, aún siendo todo tan violento, aún importándome el otro nada
todo me sigue resultando poético.
Y salgo a la calle y el viento
y el dolor muscular
el recuerdo muscular del desconocido
todo es muy azul y muy triste.

Pienso que es rubio. Pienso que es sólido. Pienso que así nunca voy a encontrar a nadie para pasar el tiempo.

Tal vez soy así. Como dije el 28 de enero de este año: Sólo se abrir la puerta para ir a jugar y después no los puedo ni mirar a la cara.