Hoy estuve pensando en P.
P., a mi modo de ver, era un ser atormentado, y eso a veces me hacía mal. Nunca logré asirlo en esos momentos, él estaba lejos, como detrás de una ventana, podía verlo pero no lo entendía.
Pero P., me dejó un montón de cosas buenas para recordar. Cosas que llevaré conmigo toda la vida. P. me dio muchísimo de él y eso no lo voy a olvidar nunca.
Y ahora que hace un buen tiempo que no se nada de P, y que me parece tan raro haber estado tan cerca, y ahora tan lejos, me encuentro con personas que no saben dar nada. Y peor aún, que no saben recibir nada. Y en ese sentido, entiendo
perfectamente por qué me enamoré tanto de P. Porque tiene un corazón grande, y abre la puerta para ir a jugar. P salta en el pozo, P se mete en el espejo. Y me llena de alegría haber sido su novia y tener las manos llenas de películas buenas, de alguien que sabía querer.
Y ahora veo cuan blando es mi corazón, y cómo la gente no sabe recibirlo, así como es, del momento, y sin expectativas, pero con ganas de hacer sentir bien. Piensan que mi corazón se va a romper, pero mi corazón no se rompe, sino que cambia de forma.
Porque me he estado cruzando con gente que no sabe jugar. Que no sabe dejar nada lindo, de los cuales no me llevo nada. Y eso es lo triste. No llevarse nada. La pobreza de espíritu. Saber que es lo mismo que alguien haya estado que que nunca haya estado. Y eso me deja un sentimiento hueco, de casa vacía, de "no valer la pena nada" y no me gusta sentir eso. Porque ahora sólo tengo pena pero no vale nada. La devaluación de la pena.
"
Play de
game" dice
Freddie Mercury, y tiene razón.
En ese sentido, P. era un excelente jugador. Mis inmensos respetos a P.